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VIETNAM TAMBIÉN ES UN PAÍS

José Lorente Guillén

210 pages

«...existe hoy en día un tipo de viajero cuya experiencia de viaje pasa por encontrarse con la miseria frente a frente. Parece que cuanto más pobre y más sucio sea un país, más auténtico será su viaje.»

Cuando Jota termina la universidad, se encuentra frente a un panorama vital tan desolador que acepta la primera oportunidad laboral que se le presenta, a catorce mil kilómetros de casa: dará clases de español en el Centro Hispánico Ho Chi Minh, a la vez que vivirá la aventura de integrarse en una cultura nueva. Un año después, Jota se pasa las tardes en su apartamento con el aire acondicionado a tope, viendo series en el ordenador y engullendo comida recalentada en el microondas. Su rutina solo viene alterada por las excursiones que le encarga el Centro, y es en una de estas, haciendo de guía por todo el país para Celia y Pablo -en viaje de novios por Vietnam-, donde sentirá una motivación completamente nueva.

Si en las fantasías juveniles de Jota viajar consistía en salir en busca de lo desconocido para encontrarse a uno mismo, hoy solo ve una insalubre ensalada de mezquindades: la arrogancia de una buena cuenta bancaria; el huero ritual del coleccionista de instantáneas del enésimo zoo de las miserias; la vanidosa exhibición -como auténticas- de experiencias turoperadas o el acceso a servicios que solo el subdesarrollo puede ofrecer a precios asequibles. Si alguna vez existieron los viajeros, él tiene la sensación de que un virus los ha convertido en turistas que gruñen un idioma que entiende aún menos que el vietnamita. A la hora de la verdad, tendrá que averiguar si él mismo también se ha transformado en zombie.

Vietnam también es un país, la primera novela de José Lorente, es un parteaguas moral sobre la concepción occidental del resto del mundo, dibujado a través de una mirada implacable justo cuando, privados de nuestros subterfugios cotidianos, somos más vulnerables a la crítica: cuando nos lanzamos a la aventura convertidos en domingueros posmodernos. Todo servirá para constatar que de la desolación no se escapa con un billete aéreo.